Coherencia es fundamental

Jaen C. Damaris – Santa Eduviges, Limón

“Estoy desconcertada: ¿por qué los sacerdotes –no digo todos– escogen como catequistas y como “laicos comprometidos” a personas que no cumplen con los 10 mandamientos? Y que con la familia no están en orden? Ellos ya no ayudan: dan escándalo a la comunidad. Agradecería que me lo explique; estoy triste”.

-Si usted está triste, estimada Damaris, nosotros lo estamos con Usted. Gracias a Dios, todos los cristianos, por el Espíritu del Señor que está en su Iglesia, tenemos tan alta estima de las “cosas de Dios”, que no aceptamos para nada que las personas que tratan las “cosas de Dios” (catecismo, S. S. Comunión, predicación etc.) no vivan de una manera coherente con lo que dicen o tratan en la comunidad cristiana.
Todos bien sabemos esto y lo saben y lo sufren los sacerdotes. De allí que cuando se escoge a algún fiel para este tipo de ministerio o servicio, siempre se busca a personas que vivan con coherencia. Sin embargo, no es del todo raro el caso de cristianos que escogidos para algún ministerio de la Iglesia, más tarde ya no viven como vivían en el momento de haber sido escogidos, y den entonces escándalo. Allí surgen las dificultades para los párrocos y demás sacerdotes: no es fácil “despedir” a esos cristianos, espontáneamente nos sentimos inclinados a esperar un cambio, una conversión, recordando también la expresión de Jesús que “no hay que apagar la mecha humeante”. Otras veces el párroco y los sacerdotes de la Comunidad no están enterados de algunas fallas y por eso no intervienen. En estos casos, no por chisme, sino por auténtica caridad hacia la Comunidad, es deber de los que saben, avisar al sacerdote responsable.
Usted, me dirá: “Mientras tanto, ¿qué hacer? Le repetiría el consejo que S. Agustín daba  a sus cristianos que se quejaban de algún sacerdote “malo”. Les decía: “no hagan mucho caso al “plato” en que se les sirve la buena comida de la Palabra de Dios y de la Oración, de la exhortación, sino atiendan y coman lo que se halla en plato”.

Coherencia entre decir y hacer

Grupo de Jóvenes – Nicoya

“¿Por qué nuestros padres siempre nos piden que hagamos lo que ellos dicen, aunque muchas veces no nos den el ejemplo?” .

- La respuesta es del todo fácil y clara: nuestros padres nos quieren, y entonces quieren lo mejor para nosotros, nos quieren contentos y realizados y nos prohíben lo que nos hace daño, lo que nos pueda perjudicar… Puede ser que en algún caso no siempre “acierten” en lo que más nos puede ayudar en nuestro proceso de crecimiento humano y cristiano, pero su profunda intención es una sola: buscar nuestro bien.
Que ellos hayan fallado y que a lo mejor continúen fallando, no es motivo para rechazar lo que nos mandan. He aquí un fácil ejemplo: un papá tiene el “vicio” de tomar, no le resulta nada fácil superar esa adicción y enfermedad, pero precisamente por esa experiencia de la profunda debilidad, si es honesto y sincero consigo mismo, hace que insista para que ninguno de sus hijos caiga en ese vicio y esclavizadora dependencia.
Ánimo, grupo de jóvenes y escuchen su “recto corazón” o conciencia, que aun no ha sido opacada por malas costumbres. Ustedes mismos lo saben: cuando piensan con calma, cuando oran, experimentan que su “conciencia” les exige y les reprocha más – cuando es necesario – que sus padres. Sigan atentos la voz de su conciencia, iluminada por la Palabra de Dios, reconfortada por el ejemplo de sus mejores compañeros y tengan un corazón misericordioso hacia los propios padres y obedezcan a sus consejos. ¡Que un médico esté enfermo no quita eficacia a sus recetas!